De todos sus descubrimientos matemáticos y mecánicos, Arquímedes de Siracusa (287–212 a. C.) se sentía especialmente orgulloso de haber demostrado la relación exacta entre una esfera y el cilindro circunscrito de igual altura y diámetro (h = 2r). Si tomamos como unidad el volumen del cono inscrito Vcono = 23πr3, los cuerpos geométricos clásicos guardan una progresión entera inmutable:
• Cono inscrito: Vcono = 13πr2(2r) = 23πr3 = 1
• Esfera inscrita: Vesfera = 43πr3 = 2 · Vcono
• Cilindro circunscrito: Vcilindro = πr2(2r) = 63πr3 = 3 · Vcono
Siglos más tarde, Cicerón relató cómo encontró en Siracusa la tumba de Arquímedes cubierta de maleza gracias a la columna grabada con la esfera y el cilindro.
En el palimpsesto redescubierto en 1906 (El Método), Arquímedes explica cómo dedujo primero los volúmenes imaginando una balanza mecánica ideal. Según su tratado Sobre el equilibrio de los planos, dos magnitudes se equilibran a distancias recíprocamente proporcionales a sus pesos: τ = M × d.
En ZYGON, cada figura combina su volumen conocido (V ∈ {1, 2, 3, 4}) con tres aleaciones clásicas (Arcilla, Bronce y Oro) cuya densidad (ρ) varía cada día. En el Libro III: Sobre los Cuerpos Flotantes, las muescas sumergidas en agua experimentan un empuje vertical hacia arriba proporcional únicamente a su volumen (Maparente = V · ρ − V · ρagua).